"La primera tarea de la educación es enseñar a ver, por que es sólo a través de los niños que pueden entrar en contacto con la belleza y la fascinación del mundo… Sin la educación de las sensibilidades, todas las habilidades pierden sentido… AHÍ RESIDE EL INICIO DEL PENSAMIENTO"


MI BIBLIOWEBCINETECA 2

PENNAC, D. Mal de Escuela. Barcelona, Mondadori, 2008.

Ante todo, me gustaría decir que al leer este libro me he sentido muy identificada con el escritor protagonista de su historia, Daniel Pennac. A diferencia de él nunca me sentí "zoquete" tal y como él afirma haberse sentido en casi todos los momentos escolares de su infancia. Sin embargo, yo tampoco fui muy buena estudiante. Y también sé lo que sientes al ver que los demás creen que no comprendes nada. A mí, la falta de confianza en mis posibilidades que los demás me transmitían, profesores, y demás compañeros de clase, me hundía. Eso quizás podía convertirme un poco en "zoquete", ya que yo fui una niña que necesitaba un gran refuerzo positivo por parte de los demás.
Ya dije que no fui demasiado constante, ya que me aprovechaba de mi memoria y lógica. Por esto, necesité estudiar poco, para ser sincera.
Por el hecho de haber sufrido un cambio tan grande en mi persona, por haber aparecido un gran sentido de la responsabilidad en mi vida, me siento identificada con las líneas de este divertido libro. Identificada y puestos a reflexionar, debo de confesar que también muy orgullosa.



  
McCOURT, F. El Profesor. Madrid, Maeva, 2005.
Curiosamente, se trata de una historia autobiográfica que emula en su fondo aquello que quiero transmitir en este blog. Frank McCourt, reconvertido a profesor, nos cuenta la historia de su vida y la inteligente decisión de no tomar el mismo camino de actuación del profesor estricto y controlador. Al haber escogido ser un guía y un consejero para sus alumnos me ha llevado a su terreno. En esta historia nos explica cómo decidió convertirse en un orientador, un padre, una madre, un amigo, un psicólogo, etcétera para los que fueran sus alumnos. No puedo evitar estar completamente de acuerdo con él, teniendo en cuenta que yo también soy de la creencia de que somos los responsables de transmitir a nuestros alumnos lo que nos ha enseñado la propia vida.
De hecho, es tan relevante adquirir los contenidos estimados como los transversales. Con esto, quiero decir que al margen de que el centro no nos respalde del todo, considero que merece la pena mantener viva nuestra pasión por abrir la ventana de la realidad a nuestros alumnos. Ellos deben y tienen todo el derecho a saber todo aquello que nosotros ya hemos visto. Hemos de acercarnos a ellos y dejarles ver, relatarles y explicarles los por qués, ya que serán muchos.
Por favor, no les ocultemos nada, démosles a conocer la apasionante vida que les aguardará al final de su paso por las aulas.
McCourt, has dado a conocer TU BELLA EXPERIENCIA. Por eso, ¡gracias!

A continuación, añado un corto video que muestra otro ejemplo de lo que un profesor debería ser según McCourt. Yo creo que esta pequeña muestra de la película Mentes Peligrosas (1995) resume muy bien el estilo de comportamiento que un docente debería tener con sus alumnos. Una gran película, por cierto.





Ya por último, he seleccionado una entrevista a Frank McCourt que hallo muy interesante. En ella el escritor explica lo que ha significado el libro para él y lo que le ha costado escribirlo:


Pregunta. ¿Por qué esperó hasta los 66 años para decidirse a publicar su primer libro?

Respuesta. Toda mi vida he anhelado escribir, fue mi deseo secreto desde que uno de mis maestros de primaria, Mr. O'Halloran, me dijo que mi verdadero destino era la literatura, pero no tuve oportunidad de ponerme a ello hasta que me jubilé de la enseñanza.

P. ¿Hubo libros en su infancia?

R. Muy pocos. Un día aparecía alguien con un libro y nos lo íbamos pasando hasta que lo leían varias familias. Ahora mismo me parece estar viendo un ejemplar de Huckleberry Finn, que no sé cuantísima gente acabó leyendo. Cuando abrieron la Biblioteca Carnegie, los adultos tenían derecho a un préstamo de dos libros. Mi madre sacaba una novela de amor para ella y un libro de historia para nosotros. Lo de escribir era impensable, ni siquiera teníamos papel.

P. ¿Recuerda sus primeras lecturas?

R. Descubrí a Shakespeare cuando enfermé de tifus y me llevaron al hospital. Durante la convalecencia, leyendo una Historia de Inglaterra totalmente desvencijada y medio rota, me tropecé con unos versos de Enrique VIII, que me conmocionaron. Años después, ya en América, el dueño de un pub de la Tercera Avenida, el Costellos's, un pub que luego he sabido que era frecuentado por celebridades del mundo de la literatura aunque entonces yo no tenía la menor idea de aquello, me dijo: "No pierdas el tiempo aquí haciendo lo mismo que el resto de los irlandeses, vete a la Biblioteca Pública y léete Las vidas de los poetas ingleses, de Samuel Johnson". Y eso es exactamente lo que hice.

P. ¿Quiénes fueron sus modelos literarios?

R. Siempre me ha gustado mucho P. G. Wodehouse. De joven leí con fruición a Dickens. El escritor que más admiro es Mark Twain, por su naturalidad. Como lector, me apasiona Beckett, pero cuando escribo lo rehúyo para evitar su influencia. En cuanto a Joyce, el Maestro, tiene demasiados registros como para considerarlo un modelo.

P. ¿Le resultó doloroso escribir Las cenizas de Ángela?

R. El tema es mi infancia en Irlanda, que fue durísima. Lo peor de todo fue escribir acerca de mi padre, que era alcohólico y abandonó a su mujer y a sus cuatro hijos, dejándonos inmersos en unas condiciones de pobreza extrema. Es algo que hasta el día de hoy no he conseguido entender. Dicen que el alcoholismo es una enfermedad... No sé, de una enfermedad como el cáncer no hay escapatoria, pero de un bar sí es posible huir. Ésa fue la parte más difícil: contar lo que hizo mi padre sin juzgarlo. A raíz de ello empecé a pensar en lo mucho que había sufrido mi madre, y empecé a sentirme culpable, porque durante sus últimos años no siempre fui todo lo considerado que hubiera podido ser con ella. Esa parte también fue muy dura.

P. El último capítulo del libro consta de sólo dos palabras: "Lo es", palabras que sirven de título a su siguiente libro.

R. En realidad, se trata de dos entregas de un libro único cuyo título iba a ser Las cenizas de Ángela, y que comprendía desde mis primeros recuerdos hasta la cremación de los restos de mi madre y el traslado de sus cenizas a Irlanda. Iba por la mitad del libro cuando mis editores de Scribner me hicieron ver que el regreso de la familia a Nueva York marcaba de manera natural el fin de una etapa, por lo que era aconsejable que ahí terminara un primer libro. Y tenían razón. En Lo es doy cuenta de mis experiencias desde mi regreso a Nueva York con 19 años hasta la muerte de mi madre, de modo que en realidad es el segundo libro el que se hubiera debido titular Las cenizas de Ángela.

P. ¿Cómo fue la experiencia del regreso?

R. Recuerdo perfectamente el día que llegamos. El barco enfilaba hacia la desembocadura del Hudson cuando rompió el alba y el sol se fue elevando hasta anegar de luz los rascacielos. Parecía que los edificios de Manhattan estaban hechos literalmente de oro. Fue un espejismo, por supuesto. La vida que me esperaba fue muy dura. Yo carecía de educación, ni siquiera había terminado el bachillerato, no tenía confianza en mí mismo, era tímido y solitario. No me atrevía a acercarme a las chicas, estaba confundido. Hice toda clase de trabajos, cogí algunas clases nocturnas. Cuando estalló la guerra de Corea me obligaron a incorporarme al Ejército y me destinaron a Alemania. Fue una decisión que la historia tomó por mí. Tomé algunos cursos y a la vuelta seguí la carrera docente.

P. ¿Fue distinto el reto de escribir El profesor?

R. Tardé cinco años en terminarlo, mucho más que los otros dos, y es la entrega más difícil. No sabía cómo contar la historia de mi vida como profesor. Al principio quise que fuera una novela, porque la ficción te permite decir cosas que no se pueden decir en una autobiografía, pero no funcionó. La realidad no dejaba de interferir ni un momento.

P. ¿Qué planes tiene ahora que ha cerrado el ciclo de su autobiografía?

R. Estoy escribiendo una novela.

P. ¿Lo encuentra más fácil o más difícil?

R. Más difícil. No me tengo que preocupar de que la gente sea reconocible o no, que fue la mayor dificultad que me planteó El profesor. Puedo dejar la imaginación completamente libre, pero técnicamente es un reto mucho mayor.

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